Relatoría

UN PERIODISMO SIN FÓRMULAS:
EL ENCUENTRO CON LO INESPERADO
Y EL PODER DE LA IGNORANCIA

Relatora: Saia Vergara Jaime

Introducción

Del 3 al 7 de febrero de 2014 se reunieron en Cartagena de Indias (Colombia) Caco Barcellos y su colega, Caio Cavechini, con 12 periodistas, provenientes de diversos medios de comunicación en América Latina.

El taller de narración en periodismo audiovisual se llevó a cabo en la Biblioteca Infantil Hermana Elfride, en el sector Las Vegas del barrio Nelson Mandela, inaugurada por la Fundación Tenaris TuboCaribe, del 3 al 7 de febrero de 2014.

Durante la semana de trabajo, Barcellos y Cavechini compartieron con los asistentes algunas de sus experiencias en la realización del programa de televisión, Profissão

Repórter (Profesión Reportero), que se emite semanalmente a través del canal Globo (Brasil). En el intercambio de ideas enfatizaron en la importancia de la acción, en el hacer más allá del decir, en salir a la calle a encontrarse con las historias, en no perder la capacidad de sorprenderse cada día. Por eso, la mayor parte del curso se desarrolló en la práctica. Mientras los cuatro equipos, conformados por tres reporteros cada uno, buscaban en el barrio alguna historia significativa qué contar, Barcellos y Cavechini iban registrado el proceso, a manera del detrás de cámaras. O, como ellos dicen, iban “captando los bastidores del trabajo”. Esta dinámica, tan característica del estilo de Barcellos, implicaba, también, hacer entrevistas a los entrevistados y a los cuatro grupos de reporteros. De esta forma, cada paso que iban dando en la búsqueda y desarrollo de sus reportajes fue seguido por las cámaras de Profissão Repórter (Profesión Reportero). En últimas, lo que queda registrado y que luego será insertado en el relato final del programa que contará cómo fueron estos cinco días de taller es una especie de metanarración, es decir, la historia de cómo se fueron articulando las historias de cada grupo.

Presentación del taller

Jaime Abello, Director General y cofundador de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), inaugura el taller haciendo un breve contexto sobre Cartagena de Indias y el barrio Nelson Mandela, en el que se desarrollarán la sesiones de los próximos días.

Según una encuesta reciente, dice Abello, tres de cada cuatro cartageneros perciben la pobreza de la ciudad. Esto “paradójicamente siendo Cartagena sede de grandes eventos, fiestas y encuentros internacionales, y una de las ciudades industriales y portuarias más importantes de Colombia. Uno de nuestros imaginarios -continúa- es el barrio Nelson Mandela. Nace por los aluviones de personas que buscan una vida mejor. Está conformado por personas, en su mayoría, que huyen de la violencia”.

Cuenta que hace unos años, en asocio con la Fundación Tenaris TuboCaribe, la FNPI inició una serie de talleres en el barrio. El ejercicio de estos encuentros, sostiene, “es buscar una mirada libre de las estigmatizaciones fáciles que se dan en estas comunidades en las cuales coexisten la pobreza con las ganas de avanzar de muchos de ellos”. Es innegable que hay una problemática social compleja pero acompañados de algunos líderes de la comunidad “y bajo la sagaz orientación de Caco, que tiene experiencia de meterse en barrios complicados y la sensibilidad para no dejarse determinar por esteriotipos de la gente que vive en determinados lugares” se espera que los periodistas encuentren, durante estos cinco días, historias que reflejen la sensibilidad y la fortaleza de sus habitantes.

A continuación, Martino Roghi, coordinador de Desarrollo Social de la Fundación Tenaris TuboCaribe, da la bienvenida al grupo. Habla sobre la misión que se han trazado y es “contribuir a que en 10 años Nelson Mandela sea un lugar mejor donde vivir”. En este barrio, que empezó a formarse hacia 1994, viven más de 60 mil personas distribuidos en 24 sectores. En uno de ellos, llamado Las Vegas y que está conformado por 3200 habitantes, el grupo hará la exploración y desarrollará sus prácticas. Para Roghi, “Mandela es un lugar muy especial. Es una Colombia concentrada, un melting pot. Vive gente de todo tipo que proviene de diversos lugares. Esto de juntar tanta gente de tantos orígenes diferentes es un gran desafío. La gente vive muy cerca y no se conoce. Hasta la forma de hablar es distinta. Nosotros hemos tratado de darles una identidad común, de ponerlos a dialogar en torno al interés común” que pude resumirse en la construcción de un bienestar básico y la consolidación de un barrio con servicios públicos.

Palabras clave

Acción, Creatividad, Respeto, Sensibilidad, Inmersión, Trabajo colectivo, Conciencia social, Responsabilidad.

Durante los cinco días, los contenidos del taller se fueron desarrollando sobre la práctica, es decir, a partir de conversaciones permanentes con los grupos de trabajo mientras iban desarrollando sus historias. De ahí que la relatoría sea una recopilación temática de esos encuentros. Por eso mismo, se ha determinado adoptar la voz de Barcellos como narrador de la misma. El lector encontrará también intervenciones de su compañero, Caio Cavechini, quien tuvo una participación determinante en el desarrollo del taller.

ENTRE LA ACCIÓN Y LA DUDA: La dinámica de trabajo en Profissão Repórter

El formato del programa nace de mi experiencia previa en medios escritos y en televisión. Me gustaba trabajar en los dos lados, la dupla es muy interesante: esa búsqueda de la aventura y, luego, la posibilidad de sentarse a reflexionar y a escribir un relato. Cuando empecé a elaborar esa figura del programa, pensaba mucho en esa dupla. Y también en iluminar los bastidores del trabajo. Se desarrolla el foco de la historia y, como parte de la misma, se narran los bastidores, es decir, la dinámica de esa búsqueda. Ahí siempre hay contenido relevante. Si llego grabando a la casa de alguien y la persona me cierra la puerta, eso ya dice algo. Si pasa lo mismo en la siguiente casa, uno empieza a preguntarse por qué. Y siempre eso resulta ser información de interés para mostrar pues, además de la sospecha, del preguntarnos por qué esa gente no quiere hablar, aquello genera un clima de expectativa muy atractivo para el espectador.

En zonas de conflicto, por ejemplo, narramos cada paso, es decir, vamos creando nuestro relato a partir de la acción. Y aunque creo en la igualdad entre los seres humanos estoy convencido de que a los reporteros nos debería diferenciar el hecho de que nosotros miramos primero para contar después. En ello siempre hay un grado de sufrimiento porque, por lo general, cuando estamos investigando damos un paso para adelante y otro para atrás. Y contar eso, incluirlo dentro de la historia, mostrarlo con acciones es relevante porque muestra que no sabemos nada y que lo importante es que tenemos dudas, que estamos en un proceso de búsqueda, de aprendizaje permanente.

Uno debería entender que no hay nada mayor que su propia ignorancia. Eso se convierte en una motivación muy grande: saber que desconozco hoy la historia que voy a conocer mañana. Todo ese proceso implica un gran desafío. Lo mismo que poder contar la historia de hoy, y sobre todo, la que va a suceder mañana. A través de la duda, entonces, es como uno se compromete con la narrativa presente y con la del día siguiente.

Formatos tradicionales y procesos de innovación periodística

Durante la creación del formato de Profissão Repórter muchas veces me quedaba pensando en todo lo que no me gustaba en el proceso tradicional del audiovisual. No quería el proyecto incluyera nada de eso. Y con ello me refiero a que las redacciones periodísticas tradicionales, normalmente, están constituidas por cinco grupos muy bien definidos que trabajan en la elaboración de los contenidos, así:

  1. El de los que escuchan y están al tanto de la información que se publica en todos los medios sobre lo que sucede en el país y en el mundo. A partir de eso se seleccionan unas 120 historias, las más relevantes. Este grupo elige lo que va a contar al día siguiente. Pasa a la redacción, que son quienes aprueban o no. Al final de este proceso se filtran y quedan unos 30 temas.
  2. Producción: Esos 30 temas se profundizan en la investigación, buscando en bibliotecas, archivos, periódicos, etc. Eso depende de la temática. Una figura muy presente es la del productor de investigación, o sea, el que va a la calle, al frente, con la cámara escondida y filma asuntos delicados y relevantes. Luego los lleva a la redacción como parte del contenido. Existen varios sistemas de investigación pero lo importante aquí es destacar que esas búsquedas de información son muy profundas, a veces, toman un mes o dos. Luego, este volumen, ya con cierta forma, pasa a los reporteros.
  3. Unidades Portátiles de Periodismo, le llamamos en Brasil a este tercer grupo, es decir, los auxiliares, los que manejan luces, sonido y cámaras pero no intervienen en el contenido del reportaje.
  4. Reportero: Es el que hace las entrevistas previamente determinadas por el productor y acordadas con los personajes, en ciertos horarios y escenarios. Éste recibe órdenes de la producción que, a su vez, le entrega un trabajo consistente. Al reportero que le interesa buscar más profundidad, profundiza, y al que no, apenas pasa un informe y cumple con el plan de trabajo.
  5. Editores: Son los que dan la forma final al reportaje. Y, dependiendo del programa, también éstos pueden ser editores de finalización.

En resumen, en este sistema tradicional pueden haber participado unas 200 personas en el desarrollo de un reportaje. En mi opinión ya no es necesario involucrar a tanta gente, ni tampoco es tan eficaz. Si sucede algo una hora antes del noticiero, con esta cadena tan larga de procesos, ¿qué se alcanzaría a hacer? ¿Cómo reaccionar ante el imprevisto cuando existen roles roles tan definidos?

Con estas preguntas en mente pensé en hacer en vez de cinco grupos, uno solo: el reportero. Quien va al campo, a la calle, es quien más trabaja. Por eso, nuestro reportero es quien hace la escucha, la captación y también está atento a la realidad del país. Luego viene el proceso de selección temática. El reportero presenta su propuesta, que es discutida y aprobada por un colectivo de 6 a 9 personas. Si el tema se aprueba, se le entrega a ese reportero o a otro, dependiendo de la especialidad de cada uno. Lo que buscamos, en el fondo, es que todos los reporteros tengan intervención y dominio en todas las instancias, de todos los procesos, que puedan asumir la posición del iluminador, del productor, del editor. De esta forma, en caso de presentarse algún problema, cualquiera puede asumir cualquier fase del proceso, cualquier papel que se requiera.

En el sistema tradicional hay un reportero local que trabaja e informa en el universo donde vive. Luego puede ascender a reportero de red, es decir, que se desempeña en el ámbito nacional. Pero para que eso ocurra pueden pasar hasta 10 años. Y normalmente el periodista local empieza su jornada a las 11 pm, para emitir en el primer noticiero del día, que es el que menor audiencia tiene. A medida que va desarrollando sus habilidades, pasa a medio día, luego a la noche, y, finalmente, puede ser reportero de red.

Mi proyecto significaba que no había que tener experiencia para asumir la posición de reportero. Queríamos probar que era mejor trabajar con personas sin experiencia. Y fueron tres años de experimentación hasta que conquistamos nuestro espacio y adaptamos nuestro formato, que es moderno, no solo en cuanto a la producción audiovisual también respecto a la publicidad. Para mí era claro que había otros aspectos de la juventud que podían combinarse con la experiencia de los veteranos, como la energía y el manejo de los dispositivos, de los programas informáticos. Y al día de hoy nuestro programa tiene ya ocho años de existencia.

En este proyecto, además, decidimos abrir los bastidores del trabajo, poner en evidencia las dudas que surgen durante el proceso de investigación. Pero siempre lo hacemos de forma ética. Y es que en el equipo uno puede estar en desacuerdo con los compañeros sobre muchas cosas, el desarrollo del tema, el punto de vista, en fin, pero jamás sobre cuestiones éticas. Con esto nos referimos a que si, por ejemplo, estamos grabando en un lugar y vemos que la policía entra a la casa de los familiares de una víctima, nosotros nos quedamos afuera. Irrumpir en la intimidad de la gente es algo muy delicado y eso jamás se haría en la casa de la gente con poder. Por eso cuando se trabaja en la calle es fundamental tener claros los límites éticos. A los reporteros de zonas de conflicto nos suceden con frecuencia estas cosas. O también puede ser que durante una investigación descubramos a los testigos de un crimen. Sin embargo, uno sabe que a esos testigos los pueden matar si uno revela la información que tiene. ¿Qué hacer, entonces? Sin lugar a dudas habría que evitar exponerlos.

El antimétodo: BUSCANDO el misterio, encONTRANDO las historias

Si me preguntan cómo se hace un reportaje, puedo responder: ¡no sé! Cada uno debe encontrar su método, y cada método, para mí se descubre en la calle. Yo parto siempre de una idea y es que no conozco la verdad, precisamente, porque siempre estoy en busca de ella. Lo único que sé es que me fascina el descubrimiento permanente. La búsqueda del misterio es fundamental para empezar cualquier investigación.

El primer reportero, Heródoto de Halicarnaso, cuyo método tiene 2500 años de modernidad, solía ir a la calle a escuchar las historias de los viajeros que pasaban por su camino. Y hacía el reportaje a partir de los diversos relatos que iba recopilando. Luego, sobrepasando los límites de su frontera, se desplazaba a aquellos lugares de los que hablaban los viajeros para comprobar si lo que decían era cierto. Heródoto es un personaje inspirador que estaba siempre en búsqueda de lo desconocido.

Partiendo de este ejemplo puedo decir que el reportero debe informar todo sobre la historia que va a contar. A veces se piensa que con investigar en la biblioteca y conversar con las fuentes el trabajo ya está hecho. Pero hay mucho más. Más que un método lo que les propongo como reporteros es que tengan en cuenta tres momentos básicos en la investigación:

1. Acopiar la máxima información posible antes de salir a la calle.

2. Ir a la calle. Comprobar, contrastar, dudar.

  1. Detenerse y reflexionar. Éste es un momento vital porque es el de la creación artística.

De las tres fases, la que más me gusta es la captación, la experiencia en la calle. Los tiempos de investigación para los trabajos documentales o los programas semanales nos dan la posibilidad de hablar con muchas personas y, por lo tanto, de incluir testimonios diversos de la gente implicada en la historia. Y eso es vital porque al espectador siempre hay que entregarle pluralidad. Para ello, la entrevista es importante pero hay que tener presente que apenas es el comienzo, ya que el reportero tiene la obligación de probar cada palabra que le dicen, confirmar que esté basada en la realidad.

La función principal del reportaje audiovisual es evidenciar los conflictos no explícitos. Pero no hay que confundirlo con el periodismo de conversación, el declaratorio, llamamos nosotros, es decir, el que se basa en la palabra y que genera mucha polémica. El trabajo investigativo confronta informaciones a través de entrevistas. Eso es importante, pero si lo dejamos ahí se vuelve periodismo de opinión. Y aunque éste es fundamental hay que tener claro que es un trabajo más bien teórico. El reportaje, en cambio, tiene que ir más allá de las entrevistas, incluir los distintos lados más que ponerlos a polemizar, mostrar que existen versiones de los hechos y que éstos se comprueban en la calle. La confrontación eleva la audiencia pero hay que saber dónde está el límite porque quedarse en eso puede llegar a ser irresponsable con la historia y con los implicados.

Y es que cada entrevistado va a presentar lo que nosotros llamamos “el Facebook de su historia”, es decir, su versión de la forma más atractiva posible. Pero debemos estar preparados para reconocerlo y omitir los detalles sensacionalistas. El Facebook desaparece al segundo o tercer día de acompañamiento a la persona. Y una de las formas que tenemos los reporteros de descubrir la verdad es pedirle al entrevistado que por favor no solo hable de su historia sino que la muestre. Nosotros acompañamos su historia y la registramos a cada paso. En este sentido la acción -que tanto nos gusta- puede llegar a ser un elemento de comprobación.

Y, ¿de qué manera nos aproximamos a la historia? Lo ideal es mostrar todo el proceso y las dificultades en llegar a comprobar la verdad de lo que nos dicen. Ahí se va construyendo el relato. Llegar al lugar de sorpresa, filmando, mostrando los bastidores de la historia; todo eso es muy efectivo. En cambio si hay una preproducción, si el entrevistado sabe que el reportero va a llegar un día determinado, a una hora puntual, encontrará todo montado, todo perfecto. Si, en cambio, llega sin avisar es distinto. Aunque corra el riesgo de perder el viaje, porque, por ejemplo, encuentre las puertas cerradas debe aprender a ver que todo, incluso eso, puede llegar a convertirse en contenido. La información está en todas partes y esos imprevistos también ayudan a contar la historia. Cuando se llega de sorpresa no hay posibilidad de cambiar nada, por eso es más real que hacer una planificación meticulosa.

En un capítulo de Profissão Repórter, llamado “O trabalho dos cortadores de cana” (El trabajo de los cortadores de caña) tratamos el caso de una plantación en la se había denunciado la muerte de dos trabajadores por insolación. A raíz de la noticia, los asesores de prensa de la empresa nos invitaron a la plantación con el fin de desmentir esa información. Ellos querían que los medios “comprobáramos” que todos los procesos funcionaban de forma correcta. Al llegar allá nos tenían preparado un recorrido en el que nos mostraban la grandeza del lugar. Pero, como tanta perfección resulta sospechosa decidimos, luego de unos días, llegar sin avisar, invadir el plantío con cámaras pequeñas y ver qué sorpresas encontrábamos en aquel lugar. En ese momento registramos la realidad de lo que sucedía y es que no había elementos de seguridad para los trabajadores, contrario a lo que nos habían mostrado en la visita oficial. Todo estaba viejo, las herramientas casi no tenían filo y los cortadores no contaban, siquiera, con protección solar. Este es un buen ejemplo para mostrar porqué es vital que el reportero dude, que busque las aristas, los detalles de la historia y que incluya diversas versiones, que no se quede solo con la oficial. De esta forma, el reportaje gana contundencia, credibilidad.

Por último, no podemos olvidar que al armar el reportaje también nos encontramos con desafíos técnicos. Lo ideal es que, antes de salir a la calle, pensemos en la forma como se visibilizará la historia y los elementos que necesitaremos para hacerlo. En Profissão Repórter normalmente trabajamos con un reportero que lleva un micrófono de mano para captar los testimonios y los sonidos puros, un camarógrafo que registra el desarrollo de la investigación y otro reportero con cámara para mostrar el making of. Muchas veces va un auxiliar de luces que, además de su trabajo, también debe estar cualificado para aportar contenido cuando se requiera. Luego de salir a la calle cada reportero tiene que hacer un guión, su presentación y el proceso de finalización. Aunque también tenemos un grupo de finalizadores pero nos interesa, como ya hemos anotado, que todos sepan desenvolverse en las diversas fases del reportaje. Y en la retaguardia de la edición tenemos otros reporteros con los que, también, se toman decisiones importantes sobre la manera como el espectador, al final, verá la historia. Aunque trabajamos de manera coordinada, cada una de las personas que conforman el equipo tiene que saber hasta dónde llega porque el respeto hacia el trabajo de los compañeros es fundamental.

Cómo volver una narración audiovisual más atractiva

Para mí, el sonido es un elemento narrativo de gran importancia. Por eso siempre estoy con el micrófono de mano encendido. A veces el registro de un grito, la explosión de una bomba pueden ser definitivos para el relato. Y es que el sonido habla mucho; nos da la oportunidad de captar la atención del espectador.

A veces los reporteros van solos con sus cámaras y el inconveniente es que un micrófono multidireccional con el que se hacen las entrevistas no registra sonidos únicos. En cambio, con un micrófono de mano es posible aproximarse a la fuente del sonido y grabarlo sin interferencias.

Un sonido natural, bien captado, muestra el aspecto dramático de la situación. Y ya no es necesaria la música. Lo importante es que, técnicamente, la captación sea impecable para que luego, en la edición, uno tenga la opción de usarlo.

Además del sonido, considero que el reportero puede ir haciendo la narración de lo que va sucediendo en la medida en que vaya avanzando en la investigación, apoyándose siempre en la acción que va grabando el vídeo. Lo ideal es que aproveche su presencia en medio de los acontecimientos para describirlos. Y luego, en la edición, puede combinarla con los sonidos captados. Pero hay que saber cómo usarlos para que la narración sonora sea un complemento eficaz de la narración visual.

A continuación, Caio Cavechini toma la palabra y habla de su experiencia como documentalista. Comparte con los asistentes algunas ideas sobre la escritura del guión y la fase de edición que, bien pueden trasladarse al ámbito del reportaje audiovisual.

Los primeros minutos del documental The Cove (2009), dirigido por Louie Psihoyos, nos muestran cuán determinante puede ser un guión que dosifica la información para crear misterio y generar tensión en el espectador. El documental empieza con una toma nocturna, no sabemos que va a pasar, quién es la persona que aparece hablando. No sabemos nada pero la acción en pequeñas dosis es muy efectiva. Poco a poco se nos va desvelando la problemática del personaje, que consiste en que es un activista que ha pasado muchos años encarcelado por hacer cosas prohibidas. El personaje es muy complejo porque trabajó media vida para crear algo y luego, en un punto donde se da cuenta de que se había equivocado, se empeña en hacer lo contrario: trabaja para destruir todo lo que hizo en su juventud. Esa contradicción es aprovechada en el guión y nos la va mostrando todo el tiempo en pequeñas dosis.

Saber elegir qué se revela y qué no es fundamental en nuestra labor como periodistas. Y así mismo sucede cuando se escribe un guión. Una de las preguntas clave es qué vamos a esconderle al espectador para que, a medida que avance el reportaje, él mismo tenga el placer de descubrirlo. De cierta forma se trata de que viva el proceso de la misma forma como lo vivimos nosotros durante la investigación. Y es que hay un cierto placer en ir encontrando pistas, como cuando se está en la calle investigando y, poco a poco, empiezan a conectarse aspectos que antes parecían desarticulados o que, simplemente, no podíamos ver. O sea que lo que nos sucede en la realidad, como periodistas, podría trasladarse a la experiencia que se le propone al espectador. Es una estrategia para conectar con él y conducirlo a través de la narrativa.

Por eso, todas las decisiones que tomemos para construir un guión tienen que ser muy conscientes. Se puede planear uno más cronológico pero también uno más libre, con narrativas diversas que vayan conectándose en ciertos puntos, sin olvidar que siempre es interesante mostrar lo que sucede en el contexto de las situaciones. Eso le da otra dimensión al relato. En cualquier caso, hay que pensarlo todo, incluyendo, por supuesto, a la audiencia, la hora en que será transmitido el programa, etc.

De otro lado, sabemos que cada historia es muy particular, y en ese sentido se tiene que plantear el guión. Con esto quiero enfatizar en que no existe una fórmula única. A veces las narrativas se construyen por similitud o contraste, otras se enfocan geográficamente. Pero hay que decidirse por algún camino y no pretender mezclar varios enfoques. Finalmente, hacer un trabajo documental es elegir un tema y, por lo tanto, una prisión. El punto es saber que dentro de ella se es libre para hacer lo que se quiera. Pero hay que definirse; si se adopta un camino, hay que seguirlo radicalmente hasta el final.

Independientemente de la forma que elijamos para contar o enfocar nuestro guión, hay tres elementos que deberíamos incluir, siempre:

– Contexto: revela aquellas conexiones que nos ayudan a entender el conflicto.
– Acción: muestra la forma en que se graba, cómo se llega al descubrimiento de la información.
– Historia humana: pone en evidencia la complejidad del personaje.

Para escribir un guión lo ideal es debatir al máximo con el grupo de trabajo, argumentar por qué se privilegian ciertos aspectos sobre otros. Hay que agotar todas las opciones, los pros y los contras. En cualquier caso, sabemos que el guión se escribe cuando ya todo está grabado. Antes de salir a la calle se puede hacer un preguión con las notas sobre cómo llegar al lugar, las personas a entrevistar, etc. Pero éste es solo una guía pues para un documentalista no estar abierto a la sorpresa es la muerte. Por eso llamamos guión a algo que se hace después y que se orienta más a la fase de edición.

Un ejercicio que podemos hacer mientras estemos grabando es pensar en los recursos que usaremos en la edición: los sonidos, los silencios, tener escogida incluso el tipo de narrativa, etc. Eso nos ayudará a que la captación, el registro y la construcción del relato no sea tan automáticos.

Lo que más llamó la atención de Profissão Repórter en Brasil es que cambiamos el tiempo que normalmente se dedica a la narración, a la acción y al sonido. También incluimos espacios vacíos y silencios. Alteramos la proporción. Esta es una forma de cambiar el formato a través de una narrativa más interesante, más creativa. Cualquiera podría decir que estamos manipulando pero toda narrativa tiene su dosis de manipulación. Finalmente, el proceso de edición es un intento de traducir una realidad, muchas veces de años, en unos pocos minutos; es un ensayo que busca transmitir una impresión, una experiencia a través de un formato, en este caso audiovisual, sobre las cosas que vimos como reporteros.

En cuanto al proceso de edición hay que ser radicales. ¿Cómo contaremos la historia? ¿A través de planos fijos, voice over, de forma cronológica? Sea cual sea la elección hay que entregarse con cuerpo y alma a esa propuesta. Pero hay que tener claro el lenguaje estético y la narrativa que vamos a usar. Si intentamos incluir varios recursos en el documental al final no tendremos ni una ni otra estética. En mi opinión hay que radicalizar el estilo. La estética puede ser más periodística, más artística o más tradicional, pero tiene que estar muy bien definida. Y aunque cada reportero tendrá una manera de llegar a esa elección, para mí, empieza olvidando todo lo que he visto en la calle. Es como arrancar de cero, comenzar de nuevo. Busco, entonces, la manera de enfocar el material que tengo y convertirlo en la historia que quiero contar.

El contacto con las fuentes: los seres humanos detrás de la noticia

En Brasil -retoma Barcellos-, Profissão Repórter representó una revolución en muchos ámbitos. En el sistema tradicional, los reporteros son un símbolo de prestigio. Tardan años en ser reconocidos, y muchas veces, cuando han alcanzado un cierto nivel, ya no se les ve en medio de los acontecimientos. En nuestro caso es al contrario: buscamos todo el tiempo la cercanía con las fuentes y estar en la calle, que es donde se encuentran las historias. Además, en Profissão Repórter siempre hay un proceso colaborativo tanto en la construcción de los reportajes como en el proceso de inmersión que muchas veces requieren ciertas historias. Nosotros no hacemos distinciones de rango ni exigimos prerrequisitos para ser reporteros del programa.

Creemos que es mucho más efectiva una acción que una opinión. Por eso vamos siguiendo las pistas, vamos intercambiando informaciones desde varios ángulos, trabajando como si estuviéramos haciendo un documental. Y en este proceso de investigación, la inmersión es fundamental. Si uno visita a la gente, permanece con ellos por horas, por días, el proceso de aproximación comienza a generarse y a van apareciendo los conflictos. La mayor tarea del reportero es descubrir dónde se esconde el conflicto y registrarlo. Y cuanto más fuerte sea, más fuerte también será la narración. Y no me refiero a lo explícito, eso sería muy sencillo, sino al conflicto que es complejo, que requiere de una búsqueda profunda. Cada persona, por ejemplo, guarda siempre algo que lo atormenta, que puede resultar problemático. Por ahí uno podría empezar a encontrar pistas.

Si llegamos a un punto de dificultad, si descubrimos algo que no habíamos pensado, eso debería resultarnos interesante para registrarlo. Hay un lado de la historia que trabaja para que lleguemos ahí y otro para destruir ese recorrido, para evitar que lleguemos. Ahí hay un conflicto. De nuestra habilidad depende que logremos construir una vía hacia la información, y que el espectador nos ayude a llegar al fondo, que se interese más sobre el tema. Descubrir los caminos que nos conducen a las historias, a las fuentes es esencial. Por eso cuanto más tiempo pasemos en la calle más oportunidades tenemos de encontrar el conflicto. Y cuanto más cerca uno esté de la fuente, más confianza habrá.

Seguramente los descubrimientos que resulten en el proceso de inmersión serán muy intensos. Pero, por encima de lo que logremos averiguar, siempre debería haber un interés genuino por la gente. Cuando es así, las personas sienten la necesidad de contar su historia. Hablan porque confían. Esa espontaneidad no puede desperdiciarse, por eso siempre hay que tener la cámara encendida. Pero más allá de eso, hay que tener siempre presente que la confianza que depositan las fuentes en uno es invaluable.

Es importante que el reportero use técnicas, que estudie y se prepare antes de salir a la calle; pero es igualmente importante que tenga sensibilidad y que trate con respeto a los demás. Cuando se tienen fuentes ya conocidas, por ejemplo, uno las llama con alguna frecuencia, uno no deja perder las amistades construidas. Pero también hay que saber establecer límites y no crear falsas expectativas.

Aún así, por más de que uno tenga cierta cercanía, muchas veces no se deben preguntar ciertas cosas. Pero, ¿cómo saberlo? Todo tiene que ver con la sensibilidad, con el ojo del reportero. Por eso, investigar puede ser un proceso infinito. Y saber preguntar depende mucho de la experiencia y del conocimiento que cada uno tenga del oficio y, por lo tanto, de los límites éticos que establece con las personas. Yo tengo la sensación, muchas veces, de que en mi acercamiento con las personas siempre hay cosas que se quedan por decir. Quizá por eso prefiero que en vez de hablar me muestren. Prefiero ver para creer.

Es muy común que el periodista estereotipe a un grupo o al otro, a ciertos barrios, ciertos temas. Lo más difícil, creo yo, es buscar al ser humano que hay detrás del conflicto y entenderlo desde su complejidad. Eso no significa que uno solo quiera saber sobre sus crisis o sufrimientos. Muchas veces nos quedamos en el tema de la pobreza o de los problemas. Nosotros siempre intentamos ir más allá, encontrar cosas que antes no se sabían, estar abiertos a lo nuevo todo el tiempo. Y, también, aprender a cocinar a fuego lento las historias, no forzar las relaciones con la gente.

Una cosa que perseguimos de forma ideal son los procesos de transformación de los personajes. Lo más aconsejable, entonces, sería que desde el comienzo hasta el final de las historias el reportero estuviera presente. Y es que los momentos más significativos del reportaje muchas veces suceden en el día a día de la gente. Pensemos en alguien que tiene un objetivo a corto plazo y lucha de forma permanente para cambiar su vida. ¿Qué sucede cuando llega ese día? ¿Cuáles son o cuáles podrían ser esos momentos emocionantes en su vida?

Cuando uno sale a la calle hay que buscar esos protagonistas que posibiliten momentos únicos, que transmitan sentimientos. El reportero puede preguntar a la fuente por sus planes durante los próximos días o meses, si tiene algún matrimonio, un viaje próximo, alguna expectativa de conquista de un nuevo empleo. Y, por supuesto, si le permitiría acompañar ese proceso. Como dice Caio, “no basta con encontrar historias interesantes; también se requieren acciones interesantes”. En ocasiones los archivos de fotos o video de los entrevistados también pueden reforzar esas acciones. Uno piensa que necesita grandes situaciones para hacer atractiva una historia. Sin embargo, a veces sucede que las pequeñas acciones cotidianas nos traen momentos muy emotivos. Pero para darse cuenta de eso, el reportero debe tener la capacidad para dejarse sorprender. Por eso cada vez uno sale a la calle debería saber que para contar algo nuevo hay que renovar la mirada cada día.

Informar en medio del conflicto

El universo de captación de la información puede ser más o menos amplio. Eso lo decide, entre otras, el reportero. Salir a buscar la información en vivo, en una zona conflictiva o cuando hay una gran indisposición entre la gente, es muy peligroso. Por eso he desarrollado estrategias o técnicas que me permiten avanzar en la investigación, obtener contenidos aún en medio de esas circunstancias.

Una de ellas es que me vuelvo un reportero carnada. En estos casos la ventaja de ser periodista es que uno anda con cámara y micrófono. Y eso siempre llama la atención. Así que me quedo parado en algún lugar visible hasta que alguien se me acerca para hablar o para alegar. Mientras tanto voy grabando todo. Eso significa que espero a que la fuente venga hacia mí. Si protesta, mejor, captamos algo vigoroso, con personalidad. Uno puede obtener contenido incluso en ese tipo de situaciones sin ser invasivo, sin exponerse demasiado.

Otra estrategia que he desarrollado con el tiempo es que, en situación de riesgo, siempre procuro llegar al lugar de una forma llamativa. Puede ser en un carro a toda velocidad que llega, frena y yo bajo, cerrando la puerta muy fuerte, para que la gente se asome, salga, se acerque. Esto garantiza, de alguna forma, que al haber muchos testigos haya un menor riesgo de que nos hagan algo. Distinto sería si llegáramos solitarios, en silencio, en medio de la noche… En ese caso estaríamos exponiéndonos demasiado. O también podemos llegar acompañados por gente del lugar para que nos presente a su familia, a sus amigos, que nos haga un vínculo con el barrio.

Otro tipo de riesgo tiene que ver con la forma como se lidia con las fuentes, muchas veces, incluso, con las oficiales. Para mí, es muy importante hablar muchísimo sobre el tema que estoy investigando. Es fundamental que en zona de conflicto, sin estabilidad, con personas que no son muy abiertas a recibir a los periodistas se le dé mucha más atención y respeto a los acusados, a los que son señalados. Los reporteros no cometen una injusticia al hablar con las personas. Hay que tener absoluta certeza de que eso no es un delito. Sin embargo, antes que cualquier cosa, esos individuos deben ser informados de lo que uno va a divulgar. De esa manera pueden entender en qué consiste el trabajo del reportero. Siempre debe haber una conciencia de que uno no tiene intención alguna de causar daño a la imagen de los demás.

Si uno llega a un lugar donde alguien que ha sido señalado de algo, uno puede ir hasta donde esa persona y decirle: “Tengo 20 personas que hablan mal de usted”. Pero es el reportero quien tiene que comprobar que esas 20 entrevistas sean verdaderas. También debe pedirle al acusado que si tiene forma de probar su inocencia, lo haga. La lección principal es que todo lo que uno elija publicar debe estar comprobado. Es fundamental para la propia seguridad, en el presente y en el futuro, porque los mismos delincuentes saben si uno está siendo un reportero responsable o no. Así como ellos también saben si un policía es inocente o culpable. En ese sentido, uno no puede dejarse utilizar por las fuentes para transmitir mensajes. Hay que ser muy responsables con la información. Lo más importante es establecer relaciones correctas y sinceras con la gente pero sin perder de vista que nuestra postura es la del observador que informa.

En el programa 183 de Profissão Repórter, llamado Manifesta Brasil había gente que rechazaba la presencia de los medios de comunicación. Pero yo estaba informando y no tenía por qué esconder mi condición de reportero. En una situación de esas tenemos la obligación de permitir que la gente cuente su historia, incluso si es de rechazo, con la cámara visible.

En estos casos es vital el proceso de inmersión para evitar el malestar hacia el reportero. Uno manda la información a la gente, se les dice que uno quiere mostrar su historia. Y si hay hostilidad uno también debe tener la capacidad de comprender lo que hay detrás de ese sentimiento. En Brasil, frecuentemente los periodistas van a los lugares más pobres, en complicidad con la policía. De ahí la indisposición que generan los medios. Por eso digo que los reporteros deben estar formados para estar en la calle pero es la calle la que determina cada paso. Y siempre hay que saber buscar las alternativas que el sitio ofrece.

¿Qué sucede cuando uno va a cubrir asesinatos entre pandillas, por ejemplo, y nadie quiere hablar? Obviamente la policía da declaraciones. Pero, ¿qué debería hacer el reportero para contar la historia? Si da voz solo a la policía, el reportero está mostrando la historia oficial, y lo más importante siempre es la historia de las víctimas. Si uno consigue establecer la confianza con una de ellas, lo habrá hecho para siempre, eso, claro está, si se muestran los dos lados de la historia. Pero para llegar a ese punto hay que ir construyendo el proceso. Y así es como, poco a poco, empiezan a romperse las barreras de la relevancia. Es decir, ¿por qué la mayoría de los periodistas entran a las casas de las víctimas pobres, ponen en evidencia su intimidad, y no lo hacen, en cambio, con los poderosos? ¿Por qué no registran, por ejemplo, los sitios que frecuentan las personas adineradas? Si el familiar de la víctima ve que el periodista respeta su intimidad y que no hace distinciones de clase entenderá que hay un interés genuino por la historia. Pero, como dice Caio, “en las comunidades, la confianza se construye con el tiempo”.

No deberíamos olvidar nunca que nuestra función como reporteros en zonas de conflicto es observar la historia y contarla. Hay que dejar claro que se intenta ser imparcial y que se ha hecho lo posible para contemplar las diferentes las versiones. Nuestro papel es vital porque somos los intermediarios entre la historia, las personas y el gran público. De cierta manera, somos la conciencia.

 

INTERCAMBIO DE IDEAS

A continuación, algunas reflexiones que surgen en el intercambio de ideas entre Caco, Caio y una reportera que se acerca a ellos para pedir algún tipo de orientación.

  1. Cuanto más importante es la información que vamos reuniendo, más controlado debe estar todo el proceso de investigación.
  2. Nunca perder de vista la acción.
  3. Cuando se va a contar el pasado de una persona, hay que pensar también en cómo se va a mostrar, con qué recursos, fotografías, documentos, imágenes significativas.
  4. La expectativa, ¿cómo dosificarla? Esa debe ser una pregunta fundamental al contar una historia. Incluso debería ser posible registrar la expectativa misma que pueden generar ciertos hechos en el entrevistado.
  5. La construcción de una expectativa fuerte hará que el momento principal del reportaje sea más intenso.
  6. Hay temas fundamentales en la vida de los protagonistas; son historias que ellos cuentan. Pero es importante que esos relatos no sean narrados en un mismo sitio sino en la calle, en el bus, en compañía de otras personas. Se trata de generar acción, no solo opinión, y en lo posible, para enriquecer visualmente el reportaje, habría que grabar en diferentes escenarios.
  7. La acción que se genere durante la conversación con el personaje ayuda a trascender el formato tradicional de entrevista.
  8. Es importante establecer una conexión entre el presente del protagonista y su pasado, sus recuerdos.
  9. Mostrar los preparativos previos a algún evento en el que va a participar el personaje ayuda a generar acciones y expectativa. Qué piensa, qué se va a poner, qué va a llevar, mostrar y no solo hablar. Todo eso puede ser relevante.
  10.  El reportero no debería propiciar situaciones artificiales ni influenciar en las acciones del personaje sino, simplemente, acompañarlo y registrar de la forma más pura posible esa realidad.
  11.  Los recorridos con el personaje en algún vehículo (carro, bus, etc.) se pueden aprovechar para preguntar cosas de las que ya se ha hablado en entrevistas previas, pues el entrevistado usualmente está más relajado; va viendo las calles, el movimiento y tal vez por eso mismo habla con más naturalidad. Además, para la edición es bueno tener varias opciones de testimonios.
  12.  A veces sucede que el reportero sale a la calle y, por diversas circunstancias, el tema amenaza con caerse. Eso también hay que registrarlo, contar sobre las dificultades, porque eso puede ser interesante para la historia.
  13.  Cuando se tiene material grabado es bueno preguntarse si, con relación al sonido, se ha encontrado alguna curiosidad. Puede ser definitivo en la narración.
  14.  El reportero debe desarrollar la capacidad de identificar los escenarios representativos de la realidad que quiere registrar.
  15.  Siempre llevar la cámara encendida y comentar sobre la realidad que se va registrando a cada paso, incluso cuando haya situaciones inesperadas en las que el reportero se vea envuelto. Se deberían narrar incluso las imposibilidades, las sorpresas y todo lo que condujo a ellas. Ése es el formato de acción: registrando de esta forma es difícil fracasar porque a veces los ojos no perciben ciertos detalles pero al final, en cámara, todo ha quedado grabado.
  16.  El contenido principal debería ser la historia. El reportero solo interviene cuando hay que decir algo importante que la enriquezca.
  17.  Los fracasos son fundamentales porque hablan de una búsqueda. Y hay formas de buscar. Eso lo determina cada reportero.

Relatora

Saia Vergara

Saia VergaraTal vez influenciada por el significado de mi nombre tayrona (proveniente de los ancestros pueblos chibchas que aún pueblan la Sierra Nevada de Santa Marta, en el Caribe colombiano) busco caminos, sin cesar. Me habría encantado nacer monje y vivir meditando en alguna montaña perdida. Sin embargo, la vida me ha llevado a peregrinar por los senderos académicos de la historia, el periodismo, la comunicación audiovisual e incluso por los de la creatividad aplicada. Esos viajes han sido motivados por el deseo de descubrir a qué sabe la vida, de qué está hecha, a qué huele. Escribo obsesivamente desde los 13 años y también colecciono instantes desde entonces. Quizá por ello veo fotos en todas partes, en un rincón olvidado, en la pared de un barrio cualquiera, en los gestos de la Madre Naturaleza, en las huellas que van dejando mis pasos. Ese trasegar visual por este mundo puede ser rastreado en http://costurasypretextos.blogspot.com